Viernes, 10 Julio 2015 06:53

El pulso de las emociones

Experimentar el mundo, relacionarnos con la vida es posible por medio de las emociones. Incluso el miedo antes de que podamos razonarlo nos estará preparando para luchar o huir. Las sensaciones corporales que provienen de las emociones nos dan aviso de aquello que ni siquiera imaginamos, sentimos tristeza, miedo, culpa, vergüenza. En fin sentimos tantas cosas durante todo el día, pero la vida moderna no nos permite hacer las conscientes, registrarlas.

No es de sorprender que cada día existan más verdugos, crímenes, incluso víctimas debido a la desconexión que existe con sus propias emociones.
¿Acaso no es verdad que los narcos prefieren seguir explorando la ilusión de un placer inexistente provocado por la expectativa de un razonamiento soportado en las ideas y no en las emociones? ¿Acaso una humanidad conectada con sus emociones podría provocar genocidios, alterar  ecosistemas, lucrar con un futuro incierto? Seguramente habrá quien piense que así es.
      Pero hay que recordar que todas las emociones son funcionales para crear ese equilibrio en el organismo que nos produce placer (Gorayeb, 2011), sin embargo pensaran qué pasa con las emociones negativas.  La ira por ejemplo nos permite poner límites con las personas que pueden ser agresivas o bien nos hacen o quieren hacernos daño. Pueden observar que las personas que más dejadas y más acoso reciben  son aquellas que no expresan su enojo, contrario a lo que actualmente se piensa el enojo  debe ser controlable. 
Las emociones en fin sirven para regular nuestro organismo y vivir en armonía.
 
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