Viernes, 10 Julio 2015 06:32

El costo de la incomunicación

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Cuando el hombre descubre en sus silencios,
que su hermoso lenguaje se le agosta,
se le quema-confuso- en la garganta,
exhausto de sentido… sí, todo él,
lenguaje audaz del hombre,
se le ahoga- confuso en la garganta
y de su gracia original no queda
sino el horror de un pozo desecado
que sostiene su mueca de agonía .
José Gorostiza.
 
 
La comunicación no depende de la capacidad verbal, sino de la capacidad de oír lo que el otro comunica. Sólo de esta forma se hace posible disponer de la estructura social, cultural, verbal y creativa, propias del individuo. Por supuesto que la comunicación no termina en el lenguaje, existen otras formas de comunicarnos, y estas otras formas (miedo, dolor, angustia) también pueden ser escuchadas.
La importancia de la comunicación entonces es crear grietas, agujeros, vínculos que integren, precisamente, aquello que no logramos escuchar para construir una sociedad donde quepa la vida y el bienestar de todos.
Probablemente por ello, cuando se priva a la humanidad de ser oída, estalla en violencia, y desespera por obtener, de cualquier modo, lo que le es propio y estaba pidiendo.
En este sentido, cada día, parecemos más torpes para reconocer en las facciones del otro, sus emociones, incluso de reconocer en nosotros lo que estamos sintiendo. Con el pesar del avance tecnológico, no son pocas las personas que se han aislado.
 
Así mismo y en gran medida, la tecnología nos cuestiona constantemente sobre el rumbo que tomamos, nos muestra el filo contrastante de una idea nueva, la realidad voraz de un lugar distinto, las personas, las culturas, los hechos, que modifican nuestra percepción y nos abren hacia otras posibilidades caminos nuevos, que no se limitan con nosotros, sino se extienden cuando incluimos a los otros. La evolución no depende, insisto, de la capacidad del decir, sino del escuchar.
 Definitivamente ha cambiado la forma de comunicarnos, y no podría precisar si esto se deriva de los dispositivos, de la premura por escribir un texto o bien  es producto de la gran pobreza de vocabulario en México, (se estima que en nivel preparatoria se tiene un vocabulario de entre 300 y 2 mil palabras, contrastado  con las más de 80 mil palabras que existen en nuestro idioma). Otra fuente que es sumamente desaprovechada es la tradición oral que sí se desarrolla aun en las culturas indígenas (Servín, 2011).  Si bien es cierto que se puede modificar el lenguaje, segmentarlo, ignorando la ortografía. Me pregunto ¿Cuál es el costo? ¿Qué es lo que se pierde? ¿Cuánto perdemos? Más allá de la moral que está detrás de estas preguntas, deduzco, que se pierden capacidades cognitivas, de desarrollo emocional, de comprensión, de disfrute. El desarrollo del lenguaje no creo que sea distinto al de un órgano sensitivo, que se define y especializa, para reconocer a través de toda una red neurocelular  el mundo que nos rodea. Tal vez sea suposición mía, pero muchas veces me parece, que lo que se pierde es el desarrollo de un órgano sensitivo. 

 REFERENCIA 

Servín, F. C. (14 de 11 de 2011). La jornada. Los bajos índices de lectura generan pobreza de vocabulario , pág. http://www.jornada.unam.mx/2011/11/14/sociedad/041n2so

 

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